La vergüenza nacional (y IV)

Para terminar con esta serie de artículos, mi post preferido, los argumentos que esgrimen los defensores de la tauromaquia, como veréis, fácilmente desmontables y sin sentido.

1. “También hay otras salvajadas”
No niegan que la corrida sea una salvajada cruel, pero insisten en que no es la única crueldad que se practica en este mundo. A continuación aluden a la matanza de los judíos por los nazis, o a la de los tutsis en Ruanda o a los niños que mueren de hambre. Obviamente todas esas cosas son horribles, pero no tienen nada que ver con el asunto. Es como si un acusado de asesinato se defendiera diciendo que más gente mataron Hitler o Stalin. Probablemente sería cierto, pero no vendría a cuento ni nada cambiaría en la calificación de su posible crimen.

2. “La corrida es tradicional”
Según ellos, todo lo tradicional está bien por definición. Se antepone lo tradicional por encima de toda crítica y racionalidad. Por muy tradicional que fuese, la costumbre china de atar y tullir los pies era una salvajada, como también es una salvajada la tradicional ablación de clítoris en ciertas culturas. La quema de herejes y ejecuciones públicas fue largo tiempo tradicional, y el terrorismo es tradiciional en los terroristas. Aceptar ciegamente todos los componentes de la tradición es negar la posibilidad misma del progreso de la cultura. La cultura no es una realidad estática, cambia constantemente sometida a diversas influencias, entre las que se encuentra la crítica racional. Una vez desinflado el argumento de la tradición, los posmodernos de medio pelo todavía intentan una nueva línea de defensa con frases como que las corridas son ritos iniciáticos. Todos los ritos iniciáticos marcan el tránsito a algo, a un estado distinto del anterior. cuando uno pregunta cuál es elnuevo estado o sociedad a la que conducen las corridas de toros, no se recibe respuesta alguna.

3. “Los toros no sufren”
Los neurólogos no sólo saben que el toro es capaz de sufrir, puesto que las estructuras neuronales son semejantes a las nuestras, sino que a veces lo usan como modelo en estudios sobre el dolor. De hecho, todos los centros del dolor y los mecanismos neurales de transmisión del dolor son prácticamente iguales en todos los mamíferos, por lo que no vale la pena insistir más en lo obvio.

4. “Los toros sí sufren, pero antes lo pasan bien”
Aunque algunos toros vivan en corrales miserables o establos de concentración, es cierto que otros gozan de una vida natural, correteando a sus anchas en extensas dehesas. Pero ¿en qué sentido el vivir una vida natural es un crimen que tenga que ser pagado con una extrema tortura al final? No hay más que imaginar que alguien quisiera aplicar a nosotros mismos el argumento para caer en la cuenta de su falta de contenido.

5. “Sin corridas, los toros de lidia y las dehesas en que se crían desaparecerían”
Esto sería cierto si la supresión de las corridas fuera acompañada por la transformación de las dehesas en explotaciones agrícolas de otro tipo, lo cual sería indeseable. Las dehesas son espacios naturales privilegiados, esenciales para la supervivencia de valiosas comunidades de otros animales. Si las corrias se suprimen, si se hace bien, la prohibición deberá ir acompañada de la transformación de las dehesas ganaderas en parques naturales protegidos, donde sigan viviendo los actuales toros de lidia y los otros animales que las habitan.
Este argumento me hace mucha gracia, porque es un intento de dárselas de ecólogos y ecologistas, cuando es evidente que no tienen ni puta idea.

6. “Las corridas dan de comer a cierta gente”
Claro. También la mafia, el narcotráfico, el secuestro y el terrorismo dan de comer a cierta gente. Es pintoresco defender la tortura porque da de comer al verdugo. Todo el mundo tiene que comer, pero hay muchas maneras de ganarse la vida sin tener que torturar a nadie. en vez de las escuelas taurinas, necesitamos escuelas de reconversión profesional de picaldores y toreros en ciudadanos útiles.

Yo añadiría uno último:

7. “Para poder criticar una corrida, tienes que haber visto alguna, no puedes juzgar sin conocer”
Esto es aplicable en algunos casos, puesto que no necesito ver como decapitan a alguien, violan a una mujer o le arrancan las tripas al vecino para saber que es un acto moralmente reprobable. Nunca he visto una corrida entera. Me basta el recuerdo de cuando tendría unos 7 años, ver por televisión mientras hacían zapping cómo mataban al toro (solía veranear en un pueblo donde son tradición los toros callejeros, o sea, que tenía hecha en mi cabecita la asociación toro-fiesta). De repente, al animal que se tenía en pie (ni llegué a ser consciente que ya estaba muy maltrecho el pobre) le clavan en toda la nuca una espada hasta el fondo (!), se queda paralizado y cae redondo. Me marcó tanto que todavía lo recuerdo perfectamente después de más de 20 años.

Por cierto, se siguen retransmitiendo por TVE corridas de toros, a veces en horario infantil. En algunos países se ha vetado la TVE internacional por las quejas de sus ciudadanos de las emisiones de corridas, con lo que los hispanos en esos países, se han quedado sin TVE por culpa de las corridas, sean ellos protaurinos o no.

Adaptación de ¡Vivan los animales!

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La vergüenza nacional (III)


Estructura de la corrida

La tortura del toro empieza antes de que salga al ruedo. A veces se le untan los ojos con vaselina para dificultar su visión (ya de por sí mala), se introduce algodón de estopa en su nariz para dificultar su respiración, se le golpean los riñones con sacos terreros para reducir su fuerza, se le liman las puntas de las astas, etc.

Una vez acabada la preparación, el toro tiene que salir al ruedo. En realidad, este pacífico herbívoro está asustado y no tiene ningunas ganas de salir al ruedo ni atacar a nadie. Todo lo que desea es que le dejen en paz y volver a pastar hierba. Por eso, en el momento de salir, se le clava la divisa, para que salga disparado por el dolor. Inmediatamente siguen unas faenas de capote; es el único momento que una persona sensible puede contemplar sin sentir ganas de vomitar. A partir de ahí empieza el infierno, dividido en tres tercios.

En el primer tercio o tercio de varas, el matador da instrucciones al picador para que “castigue” al toro, es decir, para que le rompa los músculos del cuello y la espalda con su vara o pica apalancado desde su caballo. Busca el sitio de un anterior puyazo y sigue moviendo circularmente la pica, que penetra hasta 40 cm en el animal, destrozando sus músculos, mientras chorrea sangre. Es sin duda el momento más cruel y repugnante de toda la corrida.

En el tercio de banderillas, al animal descuartizado por el picador se le clavan una serie de arpones (banderillas) en el dorso, para que siga sangrando y la tortura no se acabe tan pronto. En el último tercio llega el momento de matar al toro, que si se hace bien, de una estocada limpia que le atraviese el corazón, pondrá fin al sufrimiento del animal. Pero con frecuencia los matadores fallan sus estocadas, teniendo que repetir una y otra vez la introducción del estoque (una espada de un metro) y perforando los pulmones del toro, que se van encharcando de sangre. Si el torero sigue sin acertar, otro matarife le clavará un cuchillo (puntilla) tantas veces como sea necesario.

Finalmente se arrancarán las orejas o rabo del animal agonizante o (con un poco de suerte) del cadáver fresco como trofeos para los matadores. Atado por los cuernos y tirado por los caballos, lo que queda del toro será arrastrado fuera de la plaza.

Extracto de ¡Vivan los animales!

Enlaces:

Post acerca de un mail-cadena antitauromaquia (blog de miriam). Para ampliar este post.

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La vergüenza nacional (II)

Decía en la primera parte, que además de las corridas de toros, también es degradante la tortura callejera del toro en ciertas fiestas locales. En la fiesta del Toro de la Vega, en Tordesillas, casi 20.000 personas se concentran en el margen izquierdo del Duero (el llamado “campo de torneo”) para presenciar la tortura del toro, ejecutado por numerosos mozos a pie portadores de largas lanzas y jinetes provistos de garrochas. Los jinetes hieren al toro al galope a garrochazos. Cuando el pobre animal huye enloquecido de dolor, los mozos lo esperan para clavarle las lanzas, algunas de las cuales le llegan a atravesar el cuerpo. Quien lo acababa de matar recibía (ahora se ha cambiado) como premio los testículos de la víctima, que ensartaba en su lanza (una muestra más del pavoneo del machito español. Sólo hay que ver quienes y qué pintas traen los participantes en su web).
En Coria, se suelta el toro por las calles del casco antiguo, donde es acribillado con dardos provistos de alfileres, petardos y a veces incluso banderillas. Al entrar en la plaza, en la puerta le esperan unos mozos con unos punzones con unas guirnaldas para enganchárselas en el morro. Cuando el toro ya no puede más, se le mata de un tiro en la cabeza. Entonces, los mozos borrachos se abalanzan sobre él, pues el primero que agarra el cadáver por los testículos tiene el privilegio de comérselos.
También existen los toros ensogados. Las reses son sujetadas por la cabeza para atarles los cuernos. Luego son arrastrados por las calles. Las sogas producen grandes traumatismos en la cepa del cuerno y profundos desgarros en los músculos del cuello.

Por último, los correbous o toros embolados, consiten en que el toro lleva fuego en los cuernos. El pobre corre desesperado de un lado a otro en un intendo vano de quitarse el fuego de la cabeza. Uno de los más famosos, el de Medinaceli, el toro júbilo: es atado por los cuernos para inmovilizarlo y encajarle en la cabeza unos artilugios metálicos con grandes bolas de material inflamable. El animal sufre graves quemaduras y un gran estrés, pese a que se justifique que lo untan de barro para no quemarse. Me pregunto qué tiene esto de jubiloso. Podéis ver el fragmento de CQC protestando por el toro júbilo aquí.

Como veis, parece la crueldad de la gente que se divierte viendo sufrir a otro ser no tiene límites.

Adaptación de ¡Vivan los animales!

Por cierto, para los que estéis por Barcelona interesados por el tema, se celebra el jueves y viernes un congreso internacional antitaurino. Inscripciones gratuitas. Para más info: http://www.addaong.org/

Enlaces:
La Tortura: portal con amplia información, fotos y vídeos sobre la tortura taurina.
Antitauromaquia.es
Vergüenza en Tordesillas
Cada año se maltratan 60.000 animales en nuestras fiestas

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La vergüenza nacional (I)

El título del post es la vuelta de tuerca que doy a los detractores a nuestra (su) fiesta nacional. Y es que hay que ponerlo todo en cursiva, porque no tiene nada de nuestra (a nivel de la gente que vivimos en España), ni de fiesta, ni de nacional. Voy a iniciar una serie de posts (3, quizá alguno más) para desmontar obviedades entorno a las corridas de toros. Estos posts no deberían existir, porque cualquiera con un poco de sensibilidad y sentido común sabe porqué las corridas de toros son intolerables y aborrecibles.
La crueldad hacia los animales no es una crueldad étnica de los españoles, sino una característica común a la Europa preilustrada. Con eso no pretendo excusar a los españoles, sino haceros ver que todos los que se pavonean de que es “lo típico nuestro” y que hay que conservarlo porque es nuestra tradición no tienen ni puta idea.
En Inglaterra, hasta el s. XVIII eran frecuentes los bull-baitings (¡que todavía la wikipedia adjetiva de deporte!): el toro era hostigado, acribillado y mordido por perros bulldog especialmente amaestrados. También había bull-runnings, comparables a los sanfermines. En Roma todavía se celebraban corridas de toros en el s. XIX. Con la Ilustración, los espectáculos basados en la crueldad fueron prohibidos en toda Inglaterra en el s. XIX. La España negra de toreros, borrachos e inquisidores caricaturizada por Goya había perdido todos los trenes de la Ilustración, sobretodo con el restablecimiento del absolutismo de Fernando VII, represor de todas las libertades e instaurador de las escuelas taurinas. En esa época cuajó la corrida de toros actual.

A principios del s.XX las corridas eran mucho más violentas que hoy. Por ejemplo, los caballos de los picadores no llevaban protección y la bravura de las reses se medía por el número de caballos destripados. (Todavía ahora los caballos de los picadores tienen las cuerdas vocales cortadas, para que no puedan gritar de dolor).
Todavía peores que las corridas son las tradiciones de tortura pública y callejera de toros por una chusma embrutecida e incontrolada bajo el pretexto de ciertas fiestas locales regadas de alcohol y agresividad cobarde. Pero eso será en el próximo post

Adaptación personal de ¡Vivan los animales!

Enlaces: La Tortura. Portal con extensa información, fotos y vídeos antitauromaquia

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