Volando con un horizonte irisado

Algunas de las cosas más fascinantes que se pueden ver y experimentar, suceden al volar.

Puedes atravesar las nubes, elevarte por encima de ellas y dejar la lluvia para los que se quedan en tierra.

Puedes ver cuan pequeñas e insignificantes son esas grandes construcciones, las carreteras, el chalet de lujo, el cochazo y el yate de turno.

Puedes reconocer la líniea de costa conocida y ajena, ver hasta qué punto está plegada la tierra en cadenas montañosas, como si de una maqueta escolar se tratara.


Otear el horizonte y descubrir la curvatura de la tierra y el degradado de colores de la atmósfera hacia el oscuro, aún muy lejano, del espacio.

Con suerte, volar durante la puesta de sol, ver a un lado su disco rojo y al otro, un arco iris gigante donde el rojo empieza con el horizonte y se funde con el oscuro mar, mientras naranjas, amarillos, verdes y azules intentan escaparse hacia un violeta que el ojo humano no puede detectar.

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4 comentarios en “Volando con un horizonte irisado

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