Ahora toca ser feliz

Texto original de Eva Piquer.
Soy más feliz des de que he entendido que no hace falta ser feliz. Que la felicidad es una consecuencia deseable, pero en ningún caso el gran objetivo. Tenemos que aspirar a ser felices, des de luego, pero no podemos ser víctimas de la tiranía de la felicidad, tan presente en la mayoría de libros de autoayuda. Si no eres feliz, es porque no quieres. Viva el poder del pensamiento positivo. Bucea dentro de ti, siéntate alrededor de tu propia existencia y dibuja una sonrisa eterna. ¿No lo consigues? La culpa es tuya, que no te has autoexplorado lo suficiente. 
Todo puede tener una lectura positiva, sí. Incluso la muerte. Pero la obligación de ser felices es una broma de mal gusto. Si te diagnostican un cáncer, si te echan del trabajo, si el banco se te queda el piso o si sólo haces una comida al día y aún gracias, la idea de que tú eres responsable de lo que te pasa (y sobretodo, de como lo encajas) es peligrosa, injusta y cruel. Y ya no digamos si sufres la peor de las desgracias: ver morir un hijo. Esto, señores, no se supera tan fácilmente como un dolor de barriga, por más manuales de autoayuda que consumas. Esto te daña la vida para toda la vida. No se trata de ser felices porque sí, ni que se nos muera un hijo: se trata de amar una vida que incluye el riesgo de la infelicidad absoluta. De la infelicidad irreversible. 
No es cierto que las flores nos broten del alma. No es cierto que los males del planeta se resuelvan pensando que todo irá bien. La solución no siempre se encuentra dentro de nosotros mismos: a menudo, para intentar arreglar un mundo estropeado, conviene movernos, actuar y modificar lo que hay fuera. Buscar la felicidad dentro de nosotros mismos nos puede abocar a un conformismo que asusta. A veces sufrimos por cosas que no sucederán nunca, a veces buscamos cosas que aún no hemos perdido y a veces buscamos cosas que sólo se encuentran sin buscarlas: son un efecto colateral, un regalo sorpresa. Mal vamos cuando nos pasamos la vida esperando ese beso que nos hubiera abierto el cielo si nos hubiera venido por sorpresa. Las expectativas son un mal negocio. 
Lo escribí hace poco en otro artículo: “Quizá la felicidad está sobrevalorada”. Un amigo se apresuró en decirme que no estaba para nada de acuerdo: “¿Cómo puedes decir que nuestro objetivo en la vida no es ser felices si esta es o debería ser, precisamente, la única razón para vivir?” me preguntó, entre enfadado y decepcionado por mis palabras. Pues mira, me parece que la vida ya es en sí misma una razón para vivir. La vida no es siempre azul, y ésta es parte de su gracia: valoramos el azul porque hemos visto el negro. 
“Cualquier imbécil puede amar la felicidad”, dijo hace poco en Barcelona mi filósofo de cabecera, el francés André Comte-Sponville. El reto de los que tenemos la suerte de no haber nacido imbéciles es aprender a amar la vida a pesar de todos los pesares. Sabiendo que el dolor y la ansiedad forman parte del pack. Cuanto más amamos, más sufrimos. Eso no nos tiene que hacer menospreciar el amor, al contrario. Pero sí que nos puede llevar a desconfiar de la felicidad por decreto.
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3 comentarios en “Ahora toca ser feliz

  1. Yo entiendo la felicidad como un promedio. Una media aritmética simple; mis valoraciones positivas y negativas sobre todo lo que puede afectarme (es decir, sobre todo aquello de lo que soy consciente, desde el efecto que pueda tener en mí una noticia de la otra punta del planeta al hecho/sentimiento más íntimo o cercano), todo ello puesto en una balanza, y que gane el mejor. Obviamente no seré nunca totalmente feliz, ni totalmente infeliz (espero), pero intentaré mantener a lo negativo alejado del suelo.

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  2. Me alegra leer por fin algo sobre la tiranía de la felicidad. Como bien dices, existe una idea flotando en el ambiente según la cual si no eres feliz, es que estás haciendo algo mal. Y por lo tanto todo el mundo finge por orgullo ser felicísimo. Pues no, no es así. Enhorabuena por el texto

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