La vergüenza nacional (III)


Estructura de la corrida

La tortura del toro empieza antes de que salga al ruedo. A veces se le untan los ojos con vaselina para dificultar su visión (ya de por sí mala), se introduce algodón de estopa en su nariz para dificultar su respiración, se le golpean los riñones con sacos terreros para reducir su fuerza, se le liman las puntas de las astas, etc.

Una vez acabada la preparación, el toro tiene que salir al ruedo. En realidad, este pacífico herbívoro está asustado y no tiene ningunas ganas de salir al ruedo ni atacar a nadie. Todo lo que desea es que le dejen en paz y volver a pastar hierba. Por eso, en el momento de salir, se le clava la divisa, para que salga disparado por el dolor. Inmediatamente siguen unas faenas de capote; es el único momento que una persona sensible puede contemplar sin sentir ganas de vomitar. A partir de ahí empieza el infierno, dividido en tres tercios.

En el primer tercio o tercio de varas, el matador da instrucciones al picador para que “castigue” al toro, es decir, para que le rompa los músculos del cuello y la espalda con su vara o pica apalancado desde su caballo. Busca el sitio de un anterior puyazo y sigue moviendo circularmente la pica, que penetra hasta 40 cm en el animal, destrozando sus músculos, mientras chorrea sangre. Es sin duda el momento más cruel y repugnante de toda la corrida.

En el tercio de banderillas, al animal descuartizado por el picador se le clavan una serie de arpones (banderillas) en el dorso, para que siga sangrando y la tortura no se acabe tan pronto. En el último tercio llega el momento de matar al toro, que si se hace bien, de una estocada limpia que le atraviese el corazón, pondrá fin al sufrimiento del animal. Pero con frecuencia los matadores fallan sus estocadas, teniendo que repetir una y otra vez la introducción del estoque (una espada de un metro) y perforando los pulmones del toro, que se van encharcando de sangre. Si el torero sigue sin acertar, otro matarife le clavará un cuchillo (puntilla) tantas veces como sea necesario.

Finalmente se arrancarán las orejas o rabo del animal agonizante o (con un poco de suerte) del cadáver fresco como trofeos para los matadores. Atado por los cuernos y tirado por los caballos, lo que queda del toro será arrastrado fuera de la plaza.

Extracto de ¡Vivan los animales!

Enlaces:

Post acerca de un mail-cadena antitauromaquia (blog de miriam). Para ampliar este post.

Posts relacionados:
La vergüenza nacional (enlaces)
Alaska contra la crueldad
Hijos de la gran puta

Anuncios

2 comentarios en “La vergüenza nacional (III)

  1. me da verguenza vivir en un pais en el ke maltratar a un toro kon el fin de matarlo es arte y cultura,diversion y entretenimiento para el torero y el aficionado a esta salvajada,es inhumano y no tengo suficientes palabras para expresar mi desprecio hacia este acto brutal disfrazado con el nombre de “arte´´ y al asesino escondido bajo el nombre de “torero´´.si el toreo es arte ,el canibalismo es gastronomia.

    Me gusta

¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s